Artículo 6. 14/12/2019

"LA NEGACIÓN EN LOS PROCESOS DE CAMBIO"

 

"Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma" (C.G. Jung).

 

Decir NO es un acto necesario para nuestra madurez y nuestro desarrollo.

 

Cuando decimos NO estamos reafirmando una posición frente a algo o alguien que se encuentra ante nosotros.

 

El SÍ es una respuesta que nos aporta conexión, unión, vínculo y todo lo que tiene que ver con el contacto y con gozar de pertenencia en el grupo y, por tanto, garantiza la obtención de las necesidades sociales básicas; protección, orientación y afecto.

 

En cambio el NO es una respuesta que produce en nosotros una alerta de peligro en cuanto al riesgo de perder este contacto y, por tanto, la cobertura de las necesidades mencionadas.

 

Es por esta razón por la que ante una negación, se activan en nosotros los mecanismos de miedo (ansiedad por el futuro) que se traduce en “algo malo me va a suceder”, y de culpabilidad (angustia por el pasado) traducido en “no merezco que me suceda algo bueno”.

 

La conciencia se manifiesta en términos del bien y del mal (bueno/malo, bienestar/malestar,...), ya que es un instrumento que sirve para regular los intercambios, para permitirnos vivir en comunidad/sociedad y para mantener la estabilidad y el equilibrio entre lo personal y lo sistémico.

 

Pero la conciencia debe ampliarse en la medida que evolucionamos. De esta manera nos toca transitar irremediablemente por los senderos incómodos de "mala conciencia" para poder acceder a una nueva manera más autónoma de percibir y relacionarnos con el mundo.

 

Veamos a continuación cómo gestionamos las formas de decir NO, ya que, en la manera en que nos situemos ante aquello de lo que nos separamos, determinará la cualidad en la relación que tengamos con ello y con nosotros mismos.

  

1.-Observación. Esta actitud permite un distanciamiento del significado que atribuimos al fenómeno para poder comprenderlo mejor. Hay una apertura y una curiosidad por entender la situación. Se produce lo que se llama una “suspensión del juicio” y aparece nuestra habilidad de preguntar-nos para llegar a un entendimiento mayor que nos ayude a posicionarnos.

 

2.-Ubicación. Esta actitud está construida sobre una autoafirmación. Cumple una función de protección de la identidad respecto a aquello a lo que nos oponemos. Marca nuestra posición y nuestros límites en el mundo de una forma deliberada. No es una negación sobre lo externo sino más bien una afirmación de lo interno que permite una separación “amable” y simétrica (en igualdad de condiciones).

 

3.-Disconformidad. Sigue existiendo un reconocimiento de aquello que negamos y de lo que queremos separarnos aunque aparece el componente del desacuerdo. Esta actitud permite la coexistencia de las dos realidades aunque la propia goza de mayor validez que la ajena, por tanto aparece una asimetría (desigualdad de condiciones) entre lo propio y lo ajeno.

 

4.-Rechazo. Esta actitud reconoce aquello a lo que se opone aunque con una intención de que no coexista dentro del propio mundo. Aquí se empieza a ver que aquello que rechazamos es algo que nos hace daño y por tanto amenaza nuestro bienestar y por eso pretendemos alejarlo de nosotros.

 

5.-Exclusión. Es una negación rotunda de algo que sabemos que existe pero que hemos decidido hacer “como si no existiera”. Esta actitud nos lleva a posicionarnos como superiores moralmente a aquello a lo que nos oponemos. Hay una deformación consciente de la realidad basada en un dogmatismo negativo y una manipulación dirigida a mantener el propio orden de las cosas.

 

6.-Eliminación. Esta actitud deja de reconocer la existencia de aquello a lo que se opone y se pasa de una posición de “víctima” como receptora de un daño a una posición de “verdugo” como ejecutora de daño hacia lo opuesto, a través de ignorarlo, invisibilizarlo o eliminarlo. Se produce la separación y asimetría más extrema, y un autoengaño dirigido a hacer prevalecer la propia visión del mundo sobre la de los demás.

 

Estos niveles o mecanismos de negación, nos pueden permitir adaptarnos mejor o peor al mundo cambiante que nos rodea y, sobre todo a tomar decisiones que repercutan directamente en nuestro bienestar y que consigan de una manera más ágil nuestros objetivos en aquellas situaciones de comunicación en las que nos movemos cotidianamente.

 

 

 

Texto de Miguel Ángel Marín Millán inspirado en

la entrevista en Cadena Ser 13/12/2019 a

la Dra. en Filosofía Ana Carrasco Conde.